He querido dedicar esta primer entrada al abordaje del concepto de sistema de salud ya que es un término que se suele utilizar con mucha frecuencia pero pocas veces se logra emplear de manera cabal puesto que en la mayoría de los casos sólo se describen los elementos que conforman el sistema o bien, se reduce su alcance a los servicios de salud. Para ello haré uso de la definición más completa que he encontrado hasta el momento y aunque pudiera resultar un poco abstracta para quienes apenas empiezan a interesarse en estos temas, poco a poco trataré de ir aportando elementos que sustenten y respalden mi postura para una mejor compresión del término. Julio Frenk nos dice que un sistema de salud es:
La respuesta social organizada para
enfrentar los problemas de salud de una población.
Habrá quienes pudieran discrepar de
esta definición y prefieran el concepto que maneja la Organización Mundial de
la Salud (OMS) que establece que:
Un sistema de salud
es la suma de todas las organizaciones, instituciones y recursos cuyo objetivo
principal consiste en mejorar la salud.
En lo personal no me
agrada en nada esta definición de la OMS pues limita el impacto e importancia
del sistema de salud al considerarlo como la simple suma de sus elementos
cuando un sistema, sin importar su tipo, crea una sinergia cuando interactúan
cuando menos dos de sus partes y cuyos resultados no se pueden explicar por la
simple suma de los elementos individuales que lo constituyen. En cambio, cuando hablamos de una respuesta social organizada hacemos alusión a la forma en que la sociedad se organiza para dar una respuesta a los principales retos de salud a los que se enfrenta sin quedar supeditada a la simple suma de recursos sino que se fundamenta en lo que Weber llamó la acción social donde la conducta de una persona establece una relación con la conducta de otra para favorecer cierta conducta que se considere significativa para el fomento de la salud o bien, para que se abstenga de realizarla. En esta concepción de lo que significa un sistema de salud es muy notable la influencia que ha tenido la sociología en la formación de Julio Frenk y que lo ha llevado a ser uno de los personajes más destacados a nivel mundial en materia de sistemas de salud. Por ello, resulta imposible hablar de sistemas de salud sin hacer mención de Julio Frenk aunque tampoco hay que olvidar las aportaciones de Enrique Ruelas, pero ya tendremos tiempo de hablar más a detalle de ellos en alguna publicación posterior.
Una vez que tenemos más o menos claro lo que es un sistema de salud podemos hablar de las dimensiones con las cuáles se evalúa un sistema de salud en cuanto a su alcance. Éstas son: universalidad, cobertura y amplitud. La primer dimensión, universalidad, debe responder a la pregunta ¿quiénes están asegurados? Es decir, cuántas personas cuentan con un servicio de salud. La segunda dimensión, cobertura, responde a la pregunta ¿qué se está cubriendo? Que en otras palabras sería cuáles son los servicios a los que tiene derecho una persona. Y finalmente, la tercera dimensión, amplitud, responde a la pregunta ¿cómo se ofrecen los servicios de salud? Entiéndase como los recursos con los que se cuentan para ofrecer los servicios de salud. Son bajo estas tres dimensiones bajo las cuales se debe diseñar y evaluar cualquier sistema de salud del mundo y en la medida en la que podamos responder de manera precisa y detalladamente estas preguntas se hará más eficiente y eficaz nuestro sistema de salud.
Para ayudarnos a responder a las preguntas planteadas anteriormente, es necesario segmentar las funciones y obligaciones del sistema de salud en tres partes: la parte rectora, que es la encargada de establecer los lineamientos a los cuales se deben apegar todos los elementos que se encuentren dentro del sistema, es decir, diseñar y vigilar que se cumpla la normativa en materia de salud. Después tenemos a la parte prestadora de servicios, encargada de ofrecer servicios de atención a la salud a la población. Y la parte financiadora, responsable de pagar la atención médica ofrecida a la población. Esta conformación tripartita del sistema de salud es necesaria para evitar conflictos de intereses, duplicación de funciones y mal uso de los recursos puesto que al hacer la segmentación de funciones el sistema se vuelve más eficiente. Esta situación no sucede en México ya que por ejemplo, tenemos a la Secretaría de Salud que es la responsable establecer los lineamientos y normativas aplicables en materia de salud pero también ofrece servicios de salud y en ocasiones sus propias instalaciones no cumplen con dicha normativa. Dada esta situación no se garantiza que el servicio ofrecido sea el adecuado pero dichas instalaciones permanecen en funcionamiento sin tener mayores consecuencias. Si a ésto le agregamos que existen múltiples fuentes de financiamiento nos damos cuenta que los recursos no son aprovechados eficientemente ya dicha situación origina la multiplicidad de pagos.
Anteriormente mencioné que la respuesta social organizada debe responder a los retos de la salud, en este caso a los retos de salud de México, pero no hice mención de cuáles son estos retos. Pero ahora que ya hemos repasado qué es un sistema de salud, cómo se evalúa su alcance y cuáles son sus componentes principales podemos enfocarnos a dichos retos. El sistema de salud del México del siglo XXI debe ser capaz de responder a los desafíos que ha venido arrastrando por mucho tiempo y a los desafíos que empiezan a surgir hoy y aquellos que se visualizan hacia al futuro. Es posible hacer una larga lista de retos y desafíos en el ámbito de la salud pero me gustaría concentrarlos en los tres que ha planteado la Secretaría de Salud desde el 2001. Estos tres desafíos son: la equidad, la calidad y la protección financiera. Me gustaría seguir hablando sobre ésto pero creo que es suficiente información por el momento y mejor dedicaré la siguiente publicación a estos tres retos que debemos enfrentar y responder adecuadamente si queremos lograr un cambio para nuestro país.
Una vez que tenemos más o menos claro lo que es un sistema de salud podemos hablar de las dimensiones con las cuáles se evalúa un sistema de salud en cuanto a su alcance. Éstas son: universalidad, cobertura y amplitud. La primer dimensión, universalidad, debe responder a la pregunta ¿quiénes están asegurados? Es decir, cuántas personas cuentan con un servicio de salud. La segunda dimensión, cobertura, responde a la pregunta ¿qué se está cubriendo? Que en otras palabras sería cuáles son los servicios a los que tiene derecho una persona. Y finalmente, la tercera dimensión, amplitud, responde a la pregunta ¿cómo se ofrecen los servicios de salud? Entiéndase como los recursos con los que se cuentan para ofrecer los servicios de salud. Son bajo estas tres dimensiones bajo las cuales se debe diseñar y evaluar cualquier sistema de salud del mundo y en la medida en la que podamos responder de manera precisa y detalladamente estas preguntas se hará más eficiente y eficaz nuestro sistema de salud.
Para ayudarnos a responder a las preguntas planteadas anteriormente, es necesario segmentar las funciones y obligaciones del sistema de salud en tres partes: la parte rectora, que es la encargada de establecer los lineamientos a los cuales se deben apegar todos los elementos que se encuentren dentro del sistema, es decir, diseñar y vigilar que se cumpla la normativa en materia de salud. Después tenemos a la parte prestadora de servicios, encargada de ofrecer servicios de atención a la salud a la población. Y la parte financiadora, responsable de pagar la atención médica ofrecida a la población. Esta conformación tripartita del sistema de salud es necesaria para evitar conflictos de intereses, duplicación de funciones y mal uso de los recursos puesto que al hacer la segmentación de funciones el sistema se vuelve más eficiente. Esta situación no sucede en México ya que por ejemplo, tenemos a la Secretaría de Salud que es la responsable establecer los lineamientos y normativas aplicables en materia de salud pero también ofrece servicios de salud y en ocasiones sus propias instalaciones no cumplen con dicha normativa. Dada esta situación no se garantiza que el servicio ofrecido sea el adecuado pero dichas instalaciones permanecen en funcionamiento sin tener mayores consecuencias. Si a ésto le agregamos que existen múltiples fuentes de financiamiento nos damos cuenta que los recursos no son aprovechados eficientemente ya dicha situación origina la multiplicidad de pagos.
Anteriormente mencioné que la respuesta social organizada debe responder a los retos de la salud, en este caso a los retos de salud de México, pero no hice mención de cuáles son estos retos. Pero ahora que ya hemos repasado qué es un sistema de salud, cómo se evalúa su alcance y cuáles son sus componentes principales podemos enfocarnos a dichos retos. El sistema de salud del México del siglo XXI debe ser capaz de responder a los desafíos que ha venido arrastrando por mucho tiempo y a los desafíos que empiezan a surgir hoy y aquellos que se visualizan hacia al futuro. Es posible hacer una larga lista de retos y desafíos en el ámbito de la salud pero me gustaría concentrarlos en los tres que ha planteado la Secretaría de Salud desde el 2001. Estos tres desafíos son: la equidad, la calidad y la protección financiera. Me gustaría seguir hablando sobre ésto pero creo que es suficiente información por el momento y mejor dedicaré la siguiente publicación a estos tres retos que debemos enfrentar y responder adecuadamente si queremos lograr un cambio para nuestro país.

