¿Qué es lo que hace a un hospital
ser el mejor? ¿Acaso es la tecnología, las certificaciones, las credenciales de
su personal o una baja tasa de readmisiones? Éstas son algunas preguntas que me
he estado haciendo desde hace algunas semanas después de haber leído el número
de septiembre de América Economía donde
aparece su ya tradicional ranking de hospitales de América Latina. Es
sorprendente el ver -o mejor dicho el no ver- a los hospitales de México en el
ranking a excepción de Médica Sur (lugar número 11 del ranking).
Desde hace cuatro años que se
publica este ranking, los hospitales de México no han aparecido en éste y no es
porque no tengan el nivel o no cuenten con las características para hacerlo
sino porque se niegan a compararse con los mejores de América Latina. Los
hospitales privados de México específicamente los de Monterrey, esos hospitales
que presumen su alta tecnología, sus certificaciones internacionales y su
calidad, se rehúsan a participar en un sano ejercicio de benchmarking a nivel
regional aun y cuando alguno de ellos se ha propuesto revolucionar la medicina
privada del país. ¿Acaso le temen a algo? Algunos hospitales han mencionado que
quieren ser como el University of Texas M.D. Anderson Cancer Center, Cleveland Clinic, Mayo Clinic o el Johns Hopkins Hospital pero estos hospitales de Estados Unidos sí
participan en los rankings realizados por el U.S. News entonces, ¿por qué los
hospitales de México no lo hacen?
Una de las características de los hospitales
líderes es su apertura y transparencia en su información, de esta manera
tenemos que hospitales como el Hospital Israelita Albert Einstein en Brasil
(número 1 del ranking) publica resultados clínicos adversos en internet al
igual que muchos otros en América Latina. Me gustaría que algún día estos
grandes hospitales privados en Monterrey compartieran casos adversos que hayan
ocurrido en sus instalaciones y no con la intención de señalarlos y
desprestigiarlos sino para permitir que otros aprendan de esos errores y no se
vuelvan a repetir; al final del día, la salud de las personas es lo más
importante.
Por otro lado, tenemos el caso de
Kaiser Permanente, una red hospitalaria en Estados Unidos, que en mi opinión
debería ser un referente para cualquier institución de servicios de salud que
quiera innovar en la prestación de servicios médicos. Esta institución se dio
cuenta, por ejemplo, que sus enfermeras dedicaban mucho tiempo al enlace de
turno o cambio de guardia y por consiguiente dedicaban menos tiempo a los
pacientes; o bien, que cometían errores en la administración de medicamentos
por pequeñas interrupciones que no debían suceder. ¿Qué hicieron para
solucionarlo? Crearon una unidad de trabajo llamada Innovation Consultancy que
utiliza el design thinking para innovar en esas pequeñas cosas que aparentemente no son
tan importantes pero que son fuente de una gran cantidad de errores médicos.
Todas estas innovaciones y buenas prácticas que han desarrollado están
documentadas y son explicadas paso a paso en su sitio web para que cualquiera
pueda tener acceso a ellas y pueda implementarlas en su hospital si lo cree
conveniente. En México, cuando un hospital logra buenos resultados clínicos por
alguna mejora en sus procesos prefiere guardarse la información para que ningún
otro hospital aproveche ese conocimiento y experiencia. El guardarse la
información y no compartir las buenas prácticas que pudieran ayudar a mejorar
la salud de más personas me parece una postura mezquina.
Los
mejores hospitales viven realmente una cultura de calidad y seguridad del
paciente día a día, esta cultura no está supeditada a obtener una certificación
o recertificación ya que todos los empleados, de todos los niveles y
departamentos, entienden la importancia de la calidad y se esfuerzan en
alcanzarla todos los días. Me ha tocado ver diversos hospitales privados que
sólo se acuerdan de la calidad cuando está próxima su recertificación, donde
sus directivos ven a las certificaciones únicamente como una imagen a vender o
como si fuesen tarjetas coleccionables. Pero cuando vas con el personal
operativo te das cuenta de la realidad, pasada la certificación todo vuelve a ser
como antes, y en lugar de fomentar la cultura de la calidad, los directivos
parecieran estar empecinados en volver cada vez más reacios a sus empleados a
la calidad y seguridad del paciente.
No se
puede ser el mejor por el simple hecho de decirlo, hay que trabajar duro para
ello. Tampoco se es el mejor cuando se compara únicamente con los pequeños.
Espero que algún día los hospitales privados de Monterrey vayan más allá de sus
discursos triunfalistas, salgan de su pequeña zona de confort y compitan con
los grandes hospitales de América Latina o de Estados Unidos, ya que parece que
tienen gran fascinación por éstos últimos, porque tienen los elementos
necesarios para competir en el plano internacional pero es necesario soñar en
grande pero es más importante aún trabajar arduamente.




