viernes, 7 de septiembre de 2012

El Reto de la Protección Financiera en Salud




Antes de comenzar a escribir sobre el desafío de la protección financiera,  es importante explicar brevemente cómo está configurado el sistema de salud de México para las personas que no estén familiarizadas con el tema. México cuenta con un sistema de salud segmentado en dos grandes sectores: el sector público y el sector privado (habrá personas más puristas que consideren un tercer sector: el social o asistencial, pero yo prefiero incluir a estas instituciones en las dos primeras dependiendo del caso).

A su vez, el sector público se encuentra fragmentado en tres instituciones principalmente: el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para trabajadores asalariados de empresas privadas, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) para empleados de la función pública y el Seguro Popular para trabajadores no asalariados o desempleados; cada una de estas instituciones cuentan con mecanismos de financiamiento diferentes y esta segmentación artificial de la población se ha convertido en el origen y principal fuente de inequidad en salud.

Es importante señalar que la participación del Estado mexicano en asuntos de salud se limitaba a algunas simples actividades de salud pública y de beneficencia, a principios del siglo XX, a través de una dirección de la Secretaría de Gobernación y no fue sino hasta 1943 cuando se creó la Secretaría de Salubridad y Asistencia al igual que el IMSS. El ISSSTE fue creado hasta 1960 y el Seguro Popular en 2003. Ahora, algunos de podrán estarse preguntando qué tiene que ver el año de creación de estas instituciones con la protección financiera en salud y es que cuando estas instituciones se diseñaron y comenzaron a operar, México tenía un perfil demográfico, económico y epidemiológico muy diferente al actual; por lo que ahora esa lógica y configuración del financiamiento de la salud ya no es viable para México.

Teniendo en cuenta esta situación, la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud) se dio a la tarea de investigar, analizar y proponer su visión de cómo debería ser el sistema de salud mexicano; son bajo estas publicaciones en las que me estoy basando para publicar esta entrada. Para alcanzar lo que podemos considerar una verdadera protección financiera universal para la salud, de acuerdo a la visión de Funsalud, es necesario integrar horizontalmente en un solo Seguro Universal en Salud (SUSalud) a las tres principales instituciones públicas en materia de salud.

Este SUSalud consistiría en un fondo único de aseguramiento, algo muy similar al Fondo Nacional de Salud (FONASA) existente en Chile, que diversifica los riesgos de una manera más eficiente pero que requieren de una serie de reformas y cambios en los ámbitos: fiscal, laboral, presupuestal, sindical, entre otras; siendo quizá el más llamativo, la necesidad de crear una serie de impuestos generales, otro impuesto proveniente de productos considerados de alto riesgo para la salud como el alcohol y el tabaco; y un tercer impuesto al ingreso lo que podría eliminar las cuotas obrero patronales para los servicios de salud. Obviamente, estos cambios se encontrarán con una serie de obstáculos por parte de los diferentes involucrados en el sector para que logren concretarse; pero una vez más, Chile nos ha puesto el ejemplo de cómo pueden alcanzarse estas reformas con el Plan de Acceso Universal de Garantías Explícitas (AUGE) que posteriormente se convertiría en Garantías Explícitas de Salud (GES) que les permitió generar los recursos necesarios para garantizar la universalidad de un conjunto de servicios de salud.

Otros de los cambios necesarios para garantizar la protección financiera universal en salud implican necesariamente en separar primero los servicios de salud del financiamiento para eliminar la fragmentación de los servicios y por lo tanto, se evitaría la duplicación de la infraestructura. También, es necesario separar el financiamiento de los servicios de salud de los otros servicios de seguridad social ya que la configuración y lógica de financiamiento de la atención médica no es la misma que para las pensiones por ejemplo. Como complemento a estas medidas será necesaria la creación de un fondo especial que proteja a las familias de gastos empobrecedores y catastróficos partiendo de una base ya existente creada por el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos del Seguro Popular.

Como medidas complementarias a estas reformas, podemos mencionar la necesidad de impulsar las llamadas Participación Público-Privada (PPP) crean demostrado en ser un modelo exitoso pues permiten la construcción de infraestructura complementaria donde el gobierno e iniciativa privada comparten el riesgo de la inversión y por lo tanto logran una mejor articulación. Finalmente, es fundamental que el gobierno en colaboración con la iniciativa privada y social se coordinen para llevar a cabo una evaluación y priorización de las necesidades y retos del sector salud para que los recursos se empleen de la manera más eficiente posible considerando que el perfil económico, demográfico y epidemiológico del país ahora es diferente al de hace 20 años y será aún más diferente en los próximos años.

Para concluir esta publicación me gustaría parafrasear al maestro Enrique Ruelas al decir que México mas que necesitar o requerir políticas públicas en salud, necesitamos políticas saludables intersectoriales que realmente detonen el desarrollo integral de nuestro país.


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