domingo, 23 de septiembre de 2012

Cobertura Universal en Salud: ¿Mito o Realidad?





Hace algunas semanas, el gobierno federal anunció haber logrado la cobertura universal en salud. Esta noticia fue muy ovacionada por lo medios e incluso la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chang, en su visita a México felicitó al país por lograr la cobertura universal en salud, algo que muchos países desarrollados, como Estados Unidos, no pueden presumir.

Pero más allá de los discursos triunfalistas por parte del gobierno, me gustaría hacer una reflexión de lo que implica alcanzar la cobertura universal en salud. Para ello, es fundamental definir claramente qué es a lo que nos referimos cuando hablamos de cobertura y de afiliación en salud. Luis Durán Arenas, responsable del área de Gestión y Políticas en Salud de la UNAM, nos dice que la afiliación se refiere simplemente a la cotización o inscripción de una persona ante alguna institución de servicios de salud; o como diría un profesor al que le tengo gran estima, afiliación no es otra cosa que la credencialización de la población.

Mientras que cuando hablamos de cobertura en salud hacemos referencia a que la persona tiene acceso real y oportuno a los servicios de salud que van acorde a sus necesidades. En el caso del IMSS, la cobertura en salud se determina de la siguiente manera: la Población adscrita a médico familiar entre la Población estimada de derechohabientes por cien. En el caso del Seguro Popular, que cuenta con una afiliación de alrededor de 53 millones de personas, no existe ninguna fórmula o indicar similar por lo que no es posible determinar su cobertura en salud.

Para lograr la cobertura universal en salud no basta con afiliar a las personas al Seguro Popular. La cobertura universal implica contar con la infraestructura necesaria, con el personal de salud preparado y especialmente con dos características básicas más: acceso oportuno y disponibilidad de recursos. No serviría de nada que una persona tuviera una tarjeta que le diera acceso a una institución de salud si al llegar al centro de salud no hubiera un médico o una enfermera capacitados para atender adecuadamente sus necesidades de salud; o bien, que no tuvieran los medicamentos o insumos necesarios para brindarle el servicio que merece. Tampoco se puede hablar de una cobertura universal si dicha persona tiene que trasladarse al centro urbano más cercano, que muchas veces significa un viaje de varias horas, para obtener atención médica que requiere.

Tampoco podemos presumir de una cobertura universal en salud cuando las personas tienen grandes diferencias en los servicios de salud que reciben dependiendo de la institución a la que estén afiliados como por ejemplo, el IMSS cubre 12,500 diagnósticos de la Clasificación Internacional de  Enfermedades (CIE-10) pero el Seguro Popular sólo cubre 1,534. Si a esto le añadimos que en las comunidades rurales, donde se encuentra el grueso de los afiliados al Seguro Popular, los afiliados generalmente son atendidos por personal de salud que aún se encuentran en proceso de formación, y que por cierto, reciben una baja remuneración de alrededor de $2,500 mensuales, y muchas veces atienden a los pacientes bajo condiciones precarias y con recursos insuficientes.

Además, si revisamos las cifras oficiales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) podemos ver que México tiene 2.0 médicos por cada 1,000 habitantes mientras que la media de los países miembros de la OCDE es de 3.1; en cuanto a enfermeras México tiene 2.5 contra 8.4 de la OCDE; y tenemos 1.7 camas de hospitales por cada 1,000 habitantes cuando el promedio de la OCDE es de 4.9. Estos son algunos ejemplos de las deficiencias que tiene nuestro sistema de salud y que tenemos que revertir en los próximos años.

Dadas estas diferencias tan marcadas en cuanto a la cobertura de servicios de salud que se tienen dependiendo de la institución a la que se esté afiliado, no creo conveniente hablar de la existencia de una cobertura universal en salud en nuestro país aún. Estas desigualdades se originan, como lo mencioné en mi entrada anterior, de la segmentación artificial que hemos hecho de la población; por ello, creo firmemente en la necesidad de contar con un sistema de salud universal para México, sé que es posible diseñarlo e implementarlo de manera exitosa aunque también estoy consciente que si lo alcanzamos no será antes del año 2030. La cobertura universal en salud no se da por una simple declaración política sino por el trabajo y esfuerzo de todos los actores involucrados con el sistema de salud que deben aprender a trabajar de manera cooperativa y siempre en busca del bien común en lugar de intereses particulares o partidistas.     

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